La Historia Que No Nos Contaron

La Historia que no nos Contaron: Las Mujeres que Hicieron Posible la Llegada a la Luna

Cuando uno piensa en la conquista de la luna, es inevitable que la mente asocie la  foto de Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, lo cierto que aquel “Pequeño paso para el hombre” y el “gran salto para la humanidad” no hubiese sido posible por un gran equipo que contaba con varias mujeres. Casi invisibles hasta ahora, decenas de ingenieras, matemáticas y físicas han contribuido a la conquista del espacio.

En un sector enteramente masculino en la época, y todavía muy masculinizado en la actualidad, pocas veces se ha hablado de ellas, pero en #JotaPosta hoy nos proponemos dar visibilidad a aquellas mujeres que hicieron posible aquel primer alunizaje.

Poppy Northcutt

Frances Northcutt, conocida como ‘Poppy’, fue la primera ingeniera de Control de Misiones de la NASA, y también estaba allí hace 50 años. Northcutt se encargaba de analizar las trayectorias de las misiones Apolo, desde la primera con tripulación –la octava- hasta la última con destino lunar –la número 17-.

Se unió a la corporación TRW, que trabajaba para la NASA, en 1965, justo al terminar sus estudios de Matemáticas en la Universidad de Texas, en Austin. En poco tiempo fue promocionada de computadora a ingeniera para ayudar a diseñar el programa informático y las trayectorias de vuelo de vuelta a la Tierra.

Su labor fue especialmente importante en el Apolo 13, cuando “Houston tuvo un problema”, ya que los cálculos de su equipo permitieron que los astronautas volvieran a salvo a la Tierra tras la explosión de un tanque de oxígeno. La hazaña le valió la medalla presidencial de la Libertad.

Además de con su trabajo, Northcutt estaba comprometida con el Movimiento de liberación de las mujeres que surgió a finales de los 60 en los países más industrializados, y luchó por mejorar la política de bajas de maternidad. Incluso pasó a formar parte de la directiva de la Organización Nacional de las Mujeres (NOW) estadounidense, donde todavía continúa hoy en día, a sus 75 años.

En 1984 se licenció en Derecho por la Universidad de Houston, a la que acudía por las noches después del trabajo, y se convirtió en la primera fiscal de delitos graves en la unidad de violencia doméstica de la Corte de Apelaciones de Texas.

“Es importante que la gente se de cuenta de que las mujeres pueden hacer estos trabajos: entrar en la ciencia, en la tecnología, hacer cosas que no sean estereotípicas”, defiende Northcutt, que no sale en la película Apolo 13, a pesar de su importancia en la misión; pero cuyo testimonio sí ha incluido National Geographic en la serie de documentales elaborados con motivo del medio siglo del primer aterrizaje lunar.

Margaret Hamilton

La matemática Margaret Hamilton dirigió el equipo encargado de diseñar el software utilizado en las misiones Apolo a la Luna a finales de la década de los 60 y principios de los 70. También en la misión número 11, de Armstrong y Aldrin, Hamilton fue la responsable del sistema informático que hacía posible del aterrizaje del Eagle, la nave lunar. En esa época fue madre, tenía 32 años y destacaba por su rigor a la hora de trabajar.

Comenzó desarrollando un software de predicción meteorológica en el MIT de Massachussets y después entró en el proyecto SAGE para detectar aeronaves hostiles –uno de los mayores sistemas de defensa aérea estadounidense-, lo que la llevaría hasta las misiones Apolo de la NASA.

Pionera en todos los sentidos, además de la conquista de la Luna, la otra gran labor de Hamilton fue la del dominio de la informática, que en la época no era todavía una disciplina universitaria. De hecho, ella misma acuñó el término “ingeniería de software”.

La NASA la distinguió en 2003 con el premio Exceptional Space Act por sus contribuciones científicas y técnicas, y en 2016 recibió también la medalla presidencial de la Libertad de manos de Barack Obama.

Katherine Johnson

Es una de las “figuras ocultas” de la NASA, visibilizada por la película con ese mismo nombre. Hoy centenaria, Johnson trabajaba como matemática computadora en la misión del Apolo 11, y sus cálculos contribuyeron a sincronizar el módulo lunar, Eagle, y el de mando, Columbia.

A los obstáculos que suponía ser mujer interesada en las ciencias en la época, Johnson sumaba además el ser negra. Ni ella ni sus hermanos podían asistir al instituto de su pueblo y tenían que desplazarse al campus de West Virginia State College, históricamente para negros.

En 1953 entró como computadora en el centro de investigación de Langley, de la antigua NACA, donde negras y blancas trabajaban segregadas. En poco tiempo pasó de trabajar en la sala de computadoras a hacerlo rodeada de ingenieros blancos.

La nave Mercury Redstone 3 que, en plena carrera espacial, llevó al primer estadounidense al espacio –Alan Shepard- seguía el recorrido calculado por Johnson. Sus matemáticas también fueron cruciales en la misión de John Glenn, el primer astronauta en orbitar la Tierra, cuya historia se relata en Figuras ocultas. Glenn dijo que no despegaría sin que Katherine Johnson confirmara todos los cálculos.

JoAnn Hardin Morgan

De una generación diferente a la de Katherine Johson, Hardin tenía 28 años durante la misión del Apolo 11 y fue la única mujer presente en la sala de mando en el momento del lanzamiento. Fue la primera ingeniera aeroespacial del Centro Espacial Kennedy de la NASA, que se encargaba del programa Apolo.

Tras acabar la secundaria, en 1958, comenzó a estudiar matemáticas en la Universidad de Florida. Aprovechaba las vacaciones de verano para trabajar en la Agencia de Misiles Balísticos de la Armada en Cabo Cañaveral, donde su padre trabajaba como administrador de artillería. Sería en 1963, al acabar la universidad cuando se incorporaría a la NASA, donde trabajó desarrollando algoritmos y sistemas de procesamiento de datos hasta 2003.

Ellas fueron solo algunas de las mujeres que estuvieron detrás de uno de los mayores logros de la humanidad. Pero hubo muchas otras, cuyas labores trascendieron menos públicamente, que trabajaron igualmente duro para que Armstrong y Aldrin lo lograran.

Tras tantos años en segundo plano –o incluso tercero- durante 2019 la NASA anunció la misión Artemisa, que llevará por primera vez a una mujer a la Luna en 2024.

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