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El Primer mes del Programa Económico de Alberto Fernández

Especial – Por Federico Kucher(*)

Controles cambiarios con impuesto para la compra de divisas para ahorro y turismo. Aumento del ingreso disponible de los sectores postergados de la población a través de decreto. Programa de Precios Cuidados para garantizar valores de referencia en productos de la canasta básica. Tarifas estables por seis meses. Reducción de más de 10 puntos de las tasas de interés del Banco Central.

Estas medidas analizadas por separado no dicen mucho. Pero si se las piensa como una unidad muestran un mapa completo de la ruta elegida por el equipo económico para enfrentar la inflación en 2020. Estas iniciativas muestran que los precios pretenden enfrentarse sin descuidar el deterioro social, la depresión productiva y el frente externo, es decir los tres desequilibrios importantes de la economía.

La lógica detrás de las cinco medidas antiinflacionarias de los primeros 30 días de gestión es la siguiente: el problema de los precios no se piensa como un desajuste entre la demanda y la oferta del mercado interno (provocado principalmente por un exceso de la emisión monetaria del Banco Central). La interpretación de los nuevos funcionarios de las causas de la inflación –sin desconocer que un aumento excesivo de la base monetaria es contraproducente- se vincula con la matriz de costos de las empresas y elementos estructurales asociados a los precios relativos (tipo de cambio, salario y tarifas).

La evidencia de estos años les da respaldo: el año pasado la emisión fue cercana a cero y la inflación se aceleró hasta los niveles más elevados de los últimos 29 años. Existen otras causas que el exceso de demanda para explicar el proceso inflacionario y es por esto que se requieren medidas distintas a las convencionales. Esta es la forma en que empezó a atacarse el problema de los precios.

El tipo de cambio

Los controles cambiarios (con impuestos para los ahorristas y turistas) tienen un rol clave para reordenar el frente externo. Esto se debe a que le permiten al Banco Central comprar casi la totalidad del superávit comercial (mejorando la percepción de los bonistas sobre la capacidad de repago de la deuda y garantizando divisas para sostener importaciones estratégicas para el crecimiento).

Además los controles a la compra de divisas funcionan como un estabilizador natural del tipo de cambio. En este nuevo régimen cambiario pocos inversores apuestan a una devaluación abrupta en el mediano plazo. El precio del dólar fue uno de los elementos catalizadores de la inercia en los últimos dos años. Por eso este cambio de expectativas es clave para contener remarcaciones.

La política cambiaria no es la única apuesta para enfrentar la tensión inflacionaria. Las políticas de ingresos son otra de las claves para intentar contener la nominalidad de la economía y empezar a reducir una tasa de inflación del 55 por ciento anual. En este punto es donde ingresan las otras cuatro medidas.

Los salarios

El aumento de ingresos por decreto para los segmentos vulnerables de la población tiene en cuenta el rol de los costos en la inflación. Para los asalariados registrados se autorizó un adelanto a cuenta de paritarias y se buscará que la carrera entre precios y salarios se contenga a partir del acuerdo social. En el caso de los jubilados –al no tener impacto en la estructura de costo de las empresas- se otorgó un bono.

El plan de precios de referencia para productos de consumos básico como alimentos apunta en la misma dirección. No se busca dejar sin rentabilidad a las empresas pero si evitar abusos de precios y poner techo a los precios de productos no incluidos dentro del programa de Precios Cuidados. La medida permite mejorar la capacidad de compra de los salarios (que en gran parte suelen gastarse en alimentos y otros bienes de la canasta básica) sin cambiar el nivel nominal de las remuneraciones.

Las tarifas

La estabilidad de las tarifas por 180 días (y el congelamiento por ahora del precio de la nafta) también apunta a contener el efecto inercial de los precios relativos. Las tarifas quietas generan un doble impacto para el consumo y la producción. Por un lado son un elemento clave para aumentar el ingreso disponible de los asalariado y de igual forma le permiten a las empresas reducir sus costos de producción.

La baja de la tasa de interés -si bien parece una medida estrictamente monetaria- es posible pensarla como la quinta política de ingresos. La reducción de las tasas cobradas por los créditos permite a las familias gastar más y a las empresas reducir parte de sus costos financieros.

(*) Federico Kucher es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Desarrollo Económico por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Argentina. Actualmente cursa estudios de doctorado en el área de Finanzas y trabaja como periodista de investigación en temas económicos y financieros en el diario Página 12.

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