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Metiendo el Bisturí

Por Esteban Bekerman (*)

Brasil es un equipo muy bien fogueado y trabajado por Tite desde hace ya unos años. Rico en técnica y variantes. Con figuras top a nivel mundial en todos los puestos.

Argentina es un cúmulo de buenas voluntades que recién durante la Copa encontró algo cercano a una línea de juego después de un arranque sin la menor idea de a qué jugar, tocando la pelota intrascendentemente hacia los costados y tirándole pelotazos a Agüero (¡¡a Agüero!!!). Con pibes aún verdes, tipos que juegan por el nombre o en funciones para las que no son aptos y Messi, que, más allá de no poder brillar como lo hace allá arriba si lo obligan o se obliga a bajar al círculo central a buscar la pelota, siempre (bueno, casi siempre) aporta un plus, pero no llega a disimular esa falta de trabajo o fogueo previo, de riqueza técnica individual, de coherencia entre lo que saben hacer y lo que se les pide, de experiencia y de plenitud futbolística de sus compañeros, según cada caso.

Ningún análisis que se pretenda serio o profundo puede prescindir de estas cuestiones. Ninguno. Porque esto es fútbol. Es decir, juego de equipo.

En ganas y sacrificio ayer los igualamos y hasta los superamos. En juego (sobre todo juego de equipo) fueron infinitamente superiores ellos.

La jugada del primer gol dejó en claro lo que podía pasar apenas pisaran el acelerador. Y pasó, claro. Porque Paredes pudo haber recuperado más pelotas que las que uno podía imaginarse contra Qatar y Venezuela, pero contra Dani Alves demostró que lo de él no es la marca ni el quite ni mucho menos imponer presencia en la mitad del campo, sino que está para crear mucho más que para defender. Y el técnico argentino ni incluyó siquiera en el plantel un volante central con ese ADN defensivo que siempre debe tener un equipo -sobre todo uno argentino- en quien cumpla esa función.

A la larga o a la corta, esa increíble “omisión” de Scaloni se iba a pagar caro jugando en Sudamérica y contra sudamericanos. Mucho más, teniendo enfrente a un Brasil, que, como Colombia en el primer partido, nos demostró claramente que se puede dominar un partido y ganarlo bastante tranquilo sin tener “la posesión” que tanto pregona el ingenuo e inexperimentado DT nacional.

Lamentablemente, hoy en el periodismo deportivo está lleno de necios que no quieren ver y sólo saben o pueden apuntar a superficialidades como que “el equipo dejó todo”, “se mejoró en la entrega”, “fue el mejor partido de Messi en la Copa” (coincido), “si el cabezazo de Agüero entraba era otra historia” y “el árbitro nos perjudicò”, como si no supìéramos que la Copa América la organiza la CONMEBOL y que jugando contra Brasil en Brasil los arbitrajes no serán del todo imparciales precisamente.

Todo eso que dicen muchos periodistas “hinchas” e hinchas “periodistas” que se creen muy sabios por decirlo puede ser cierto. Pero si queremos entender realmente lo que pasó ayer y sacar alguna conclusión útil de este nuevo traspié, tenemos que meter el bisturí a fondo aunque duela y partir de las premisas expuestas arriba. Es necesario profundizar en el anàlisis, y no caer en la trampa que nos proponen algunos de un debate sólo en función de los resultados, de los “méritos” o de las contingencias del juego.

Es Sudamérica, gente. Tierra de vivos y malandras, de tipos que saben y demuestran que el fútbol no es sólo “posesión” o “jogo bonito” sino también picardía, trabajo y capacidad defensiva. En gran parte, porque se lo enseñamos nosotros. Otra vez, no se la hagamos tan fácil.

(*) Esteban Berkerman es Periodista-docente. Creador y director de @entretiempos_ar. Profesor del Círculo de Periodistas Deportivos y en Taller de Investigación Histórica sobre Fútbol.

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