Apostillas de la Vida Cotidiana

MJ mi primer héroe en todo este lío…

En su natalicio número 56, en #JotaPosta acudimos a la prosa de #Nuwanda para rendir humilde homenaje al mejor jugador de básquet de todos los tiempos: Michael “Air” Jordan.

Por @Nuwanda

Alguna vez conté brevemente que unos de mi sueño frustrado fue jugar básquet.  Desde chico me gustó ese deporte y el haber nacido para anclarme en 175 centímetros fue claro que no me ayudó. De haber sido concebido con unos 10 centímetros más hoy sería una gran base, sin dudas.

Lo cierto es que de chico en Indart intentaba saciar esta sed de naranja y aro como se podía. Había potreros por doquier pero escaseaban las zonas pintadas.  Mi viejo, amante del fútbol, procedía a ayudarme a su manera: alambre, hierro, soldador mecánico y allá a lo alto aparecía un aro sujetado a la pared para que pudiera jugar en el poco cemento que tenía en el patio de casa. Porque allá las casas tienen patio, mucho patio, pero lleno de tréboles y arboles. El cemento está destinado para los cordones cunetas en los pueblos, no para las plazas o los patios.

Conté, también, que en el Club había una cancha, pero a veces los aros estaban rotos y la prioridad eran los arcos de futbol, no los tableros de básquet. Todo un desafío. Lo cierto es que me las ingeniaba bastante bien.

Recuerdo que para un cumpleaños mi vieja se apareció con tres cosas que fueron todo un tema conseguir. Insisto, imagine usted lector que hablamos de unos 15 años atrás en un pueblo que todavía no había visto siquiera llegar el internet.  En donde el regalo más común que tenían Papa Noel, los Reyes Magos que llegaban en autobomba o los amigos en un cumple (además de las medias y el slip) era una pelota de futbol. Ella, prosigo, ese día llegó con la casaca número 23 de “Air”, una Wilson anaranjada con su firma (firma industrial, pero firma al fin), los famosos banderines triangulares con la cara del Toro de Chicago y el poster (gigante) con la foto que ilustra este texto. Así de una, la mina me consiguió tres objetos inolvidables, mágicos. ¿A quién se le ocurre pedir en un pueblo de 1000 habitantes cosas de básquet, un deporte que se juega en el culo del mundo y no la 10 de Boca?. Esos regalos que uno sabe que cuestan mucho y por eso truca, sin dudarlo, por las próximas “2 navidades, reyes y el día del niño” como dijo entonces mi vieja.

Ya hacía rato había descubierto los Chicagos y Michael se convertía en mi primer gran héroe (hoy junto a Román). Otra vez las peripecias para lograr información (recuerda que dije que no había internet no?). Las noticias llegaban a cuenta gotas, apenas un recorte en los diarios, alguna noticia fugaz, parece que para el canal 12 de Rosario no era prioridad la NBA.  Y, por cuestiones neoliberales de los 90, Telefe se cortaba los domingos a las 00:00, pasaba a canal de ajuste ante mi sorpresa al esperar “El Show de la NBA” con Paenza (o  Daniel Jakubovich ya no recuerdo con precisión).

Había mas info en momentos definitorios de Play Off, pero uno no quería estar sólo “en la recta final”, uno era hincha incluso en la etapa regular del torneo. Recuerdo que sobre el final de mis días en Indart, antes de conocer la urbe, y cuando ya las “3 W” daba sus primeros pasos, las charlas picantes con Juan Pablo Di Gregorio y su fanatismo por los Magic, y esos duelos en donde los Orlando quedaban en primera ronda y los Bulls aspiraban otro anillo más.

Llegue, por entonces, a coleccionar una carpeta entera sobre MJ: fotos, notas, crónicas de las finales, incluso grabación en casette de cuando ante varios periodistas informaba de que dejaba todo por el beisbol. Toda esa información prolijamente guardada, con fecha y fuente (ya el periodista estaba en mi cuerpo). Por esas cosas que tiene el destino este fin de semana estuve ordenando la biblioteca y la vi.  Una caja llena de recortes de diarios, tapas, revistas que resisten el inexorable paso del tiempo y se tornan de un color entre blanco y amarillo. La quise tirar, para hacer limpieza y no pude. Me dije “esta todo en la web ahora”. Pero me vino a la mente lo mucho que me costó juntar ese material. Y la volví a guardar en ese rincón, pedí a la familia una prorroga (que vienen otorgándome desde hace un año con amenaza de ponerle fin a la brevedad) para decidir que hago. De qué forma guardarla para que no parezcan, como la llaman, ese “conjunto de diarios viejos que no les importa a nadie”.

Justo en la previa a que se cumplan 15 años del retiro definitivo del mejor basquetbolistas de todos los tiempos, esa carpeta estuvo en mis manos y otra vez decidí guardarla. Archivarla para pensar una forma de que quede guardada, capaz algún día lo tenga en frente y pueda dársela para que la firme, quizás algún día esos recortes valgan la pena, quizás algún día se alumbre el camino, por ahora, lo único cierto es que el destino me dijo en ese susurro en el que habla sin hablar “no la tires, dejala un tiempo más tu biblioteca”.

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