Salud & Bienestar

Neurociencia: “La Mente y la Angustia de Fin de Año”

Se observa en la clínica, muy a menudo, un aumento de consultas hacia fin de año sobre temas relacionados con el ánimo. Es cierto que mucha gente se angustia llegando o su fecha de cumpleaños, o fin de año.

En #JotaPosta dialogamos con el Licenciado Diego Herrera (el Licenciado Diego M. Herrera, Psicólogo clínico (MN: 63.686), Universidad de Buenos Aires y  Director del Dpto. de Neurociencias de E.I.C.C. ( Equipo interdisciplinario cognitivo Comportamental) para poder enteder que es lo que produce estas manifestaciones en el animo.

“Ni la cronología, ni los astros generan cambios anímicos” asegura el profesional y agrega “es la persona quien realiza razonamientos distorsionados (en referencia a quienes se angustian por este motivo), lo menciono sin la intención de realizar una generalización excesiva (ejemplo también de razonamiento erróneo, generalizar demasiado y sin evidencia), pero cognitivamente sabemos que las creencias, pensamientos y valores, activan emociones y viceversa”

En esta línea sostiene que “además es importante tener en cuenta que también sucede como resultado de condicionamientos (lugares donde la persona transita o ya ha transitado de forma repetida en el pasado, por ejemplo, las fiestas o fin de año, quedan asociados a emociones especificas y pensamientos que se activan sistemáticamente en el lugar condicionado o a la fecha”.

Continuando con la vertiente social es también una variable de tipo cultural la realización de un “balance” que muchas personas suelen realizar llegando fin de año.  Pensamientos de tipo “debería haber realizado X cosa”, “si hubiera hecho X cosa hoy estaría…”, “este año fue horrible”.

“Esto suele incluir distorsiones cognitivas que activan emociones displacenteras como angustia, enojo, frustración” afirma Herrera.

“Las personas tienden a creer que el ánimo depende exclusivamente de situaciones externas sin tener en cuenta que la persona puede realizar razonamientos más funcionales y productivos, atendiendo a objetivos o valores, no siendo necesario un balance en esa fecha específica, y aunque los objetivos no se hayan cumplido, no necesariamente debe generar angustia, no son las situaciones ni las fechas las que nos ponen mal, sino el modo de pensarlas, es decir el procesamiento cognitivo que realizamos con ellas” advierte.

Respecto a la necesidad de hacer o no un balance cuando llega Diciembre, el Licenciado sostiene que “Es en las empresas, sociedades, donde se necesita un contador y debe realizarce a fin de año de modo administrativo, pero en el ámbito cognitivo no necesariamente sirve”.

Agrega además que “los balances por definición implican conclusiones dicótomas, por ser una BALANZA, etimología del francés, ( otro sesgo y razonamiento distorsionado como mencionaba anteriormente), es decir pensar las cosas del tipo todo o nada, bueno o malo, perdida o ganancia, hecho o no hecho y la realidad evidencia que pueden sacarse conclusiones o realizar razonamientos mas intermedios en relación a la dicotomía, ya que también el pensamiento dicotómico no es muy funcional para pensar cuestiones humanas, es decir cognitivas, conductuales y emocionales, si en los números quizá, pero la interpretación que se le dé incluso a un balance administrativo también tendrá razonamientos cognitivos que podrán ser mas funcionales o menos. Es decir más adaptativos para lo que necesitamos o no”.

Desde la Neurociencia, Herrera explica que “en principio si hay que realizar un monitoreo de objetivos o planes trazados anteriormente por la persona, es sugerible que las conclusiones o los pensamientos que se utilicen sean adaptativos y funcionales, es decir, más propicios para llegar a conclusiones que puedan ser productivas y servirnos, por ejemplo para re-planear metas, tiempos, forma, etc.”

“El razonamiento emocional, es decir, por ejemplo (creer que uno hace las cosas mal sólo porque se siente mal), no lleva a conclusiones adaptativas ni realistas. El automonitoreo si es que la persona lo realiza, es sugerible que lo realice observándose como piensa, teniendo en cuenta conclusiones intermedias, descartando: Los etiquetamientos (soy X, soy lo otro), los debería, analizando las situaciones tomando en cuenta pocas variables o situaciones, personalizando situaciones sin tener en cuenta variables externas u otras personas como factores” afirma.

En resumen Herrera define que el balance implica una “revisión de conductas del pasado, objetivos, metas, situaciones, etc, para pensar el pasado incluso, tanto como el automonitoreo de los pensamientos de situaciones presentes o futuras es sugerible realizarlo con aceptación emocional, si es que se activan emociones, y con una disposición cognitiva realista para realizarlo, es decir, monitorear el modo en que se “juzga” o se piensan las conductas, situaciones o el año”.

Sobre el final determina que un modo sugerible es tratar de tener la mayor “flexibilidad posible para pensar cada cosa, teniendo en cuenta más cantidad de variables (no una o dos), mas cantidad de situaciones, conductas, etc. Esta flexibilidad nos permitirá no ser rígidos con nosotros mismos, y llegar a conclusiones productivas”.

“La capacidad de observarse a uno mismo sin distorsiones ni juicios, en cuanto al modo de hacer, pensar y decir las cosas, ya que esto nos ayuda a ser más funcionales a nivel interpersonal, social, e intrapersonal” sentencia Herrera.

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