Salud & Bienestar

¿Hasta cuánto Nos Sirve Preocuparnos?

La preocupación es parte de nuestra vida, ya que sin ella no podríamos ocuparnos de resolver situaciones, problemas, planificar una solución para eventos futuros, o movilizarnos para realizar algo determinado.

Por lo que la preocupación como proceso es altamente funcional si, luego de pensar sobre un mismo tema reiteradamente, realizamos hechos concretos para resolver uno o más problemas específicos.

Es decir, la preocupación nos sirve ya que genera ansiedad funcional para aprontarse a la resolución de un problema y así adaptarnos a nuestro medio de un modo más eficaz.

Pero, ¿qué sucede si nos preocupamos excesivamente y continuamos con esa actitud por períodos prolongados?

En #JotaPosta acudimos al Licenciado Diego M. Herrera, Psicólogo clínico (MN: 63.686) de la UBA y Director del Dpto. de Neurociencias de E.I.C.C.( Equipo interdisciplinario cognitivo Comportamental) para despejar este interrogante.

“Sucede que la ansiedad comienza a elevarse y percibimos un malestar, probablemente angustia, o alguna emoción displacentera asociada a los pensamientos reiterativos, que dejan de ser funcionales para comenzar a ser rumiativos: ya no buscan una solución, sino que son asociaciones sobre un mismo tema que generan ansiedad, pensamientos distorsionados y malestar emocional, sin funcionalidad alguna” analiza Herrera.

“Esta actividad de nuestro cerebro y nuestra mente deja de ser adaptativa para generarnos más problemas, emociones negativas y pensamientos catastróficos a futuro, por estar la ansiedad implicada” explica.

Lic. Diego M. Herrera

El especialista recomienda “hacer un correcto uso de la mente” y se explaya “en estos casos, donde este tipo de pensamiento disfuncional, rumiativo, hace uso de nosotros, “nos domina” y nos hace sentir que no podemos hacer nada, parece que solo quedara someternos a dejar correr los pensamientos y sentir emociones negativas”.

En este sentido, Herrera, refiere que “podemos detener este modo de operar de nuestra cognición, implicado en muchos trastornos, aunque no necesariamente debemos tener un trastorno para ser rumiativos o preocuparnos en exceso”.

“Para hacer un uso correcto de nuestra mente debemos, en principio, comprender que los pensamientos son hechos mentales y no son la realidad, sino que son productos de nuestro procesamiento mental: un pensamiento catastrófico es solo eso, un pensamiento” aclara el Licenciado.

 “A este hecho lo conocemos como descentramiento cognitivo. Aceptar y reconocer esto calma muchísimo y baja la ansiedad percibida por la preocupación” sentencia.

Aquí entonces unos #tips a tener en cuenta cuando estamos inmersos ante una preocupación excesiva:

  • Pasar a la acción resolviendo o modificando algo del entorno relacionado con la preocupación que nos acontece.
  • Percibir y comprender que los pensamientos son hechos mentales y no la realidad misma.
  • Evitar no sirve. Sin embargo, podemos reconocer los pensamientos reiterativos y distraernos con otra actividad; o bien, situarnos en el momento presente con distintas técnicas (la meditación, la Mindfulness) o simplemente distraernos con una actividad que nos genere satisfacción, hasta tanto podamos resolver con hechos el motivo específico que nos preocupa.
  • Aceptar las emociones y pensamientos sin pretender controlarlos, ya que este tipo de control hace que aumente la preocupación y por lo tanto la ansiedad.

“Por sobre todo, lo más importante es hacer, pasar a la acción, y dejar de creer que pensando las situaciones se resuelven. Se necesita nuestra intervención en el medio ambiente para modificar variables y así resolver o cambiar el motivo de nuestra preocupación” culmina resumiendo Herrera.

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